El Museo de Prado ofrece una exposición antológica de este gran y desconocido pintor alcarreño del siglo XVII de pincel divino
El Museo del Prado de Madrid acoge desde el pasado 19 de octubre y hasta el próximo 17 de enero (con posible prórroga hasta el día 31 del mismo mes) una exposición antológica del pintor español Juan Bautista Maíno, fraile dominico del siglo XVII. “Maíno, un pintor por descubrir” es el título de la muestra.

La exposición dedicada a Maíno pretende cotejar su trabajo con el de “grandes maestros no sólo españoles” sino también internacionales, debido a “su condición de pintor formado en Italia, en la vanguardia más importante de los años de finales del siglo XVI y principios del XVII”. "Es en esa comparación cómo se ve que Maíno “se codea perfectamente y de tú a tú” con otras grandes figuras de la pintura de esa época, entre las que destaca Caravaggio", según señala Leticia Ruiz Gómez, comisaria de la exposición antológica.

Maíno, pintor original y sorprende, puede ser considerado, con justicia, el primer más importante de la Corte española del siglo XVII, tras Diego de Velázquez, a quien Maíno protegió y promocionó. Es el pintor de la luz, del movimiento, de la vistosidad, de los detalles. Es el pintor del retrato profundo, interior, del rostro que refleja el alma. Es el pintor de la Navidad, más precisamente, el pintor de la Adoración navideña de los pastores y de los magos.
De él escribió Lope de Vega, en su Laurel de Apolo, “Y con pincel divino/Juan Bautista Maíno/a quien el Arte debe/aquella acción que las figuras mueve”. Y de él ha dicho la crítica que “probablemente nadie llegó tan cerca de Caravaggio como este dominico español”.
De la Alcarria a Italia
Sus padres fueron un milanés y una noble portuguesa que estuvieron al servicio de la famosa y controvertida Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Eboli. En 1957, se encontró en el archivo parroquial de la colegiata de Pastrana (provincia de Guadalajara, diócesis de Sigüenza-Guadalajara), la partida de bautismo de Maíno, quien recibió las aguas bautismales el 15 de octubre de 15 de octubre de 1581. Once años después, su padre, también llamado Juan Bautista, firma poderes en Lisboa a favor de su esposa Ana de Figueredo para ocuparse de los bienes de la administración de la familia ya que él proyectaba viajar a Angola. Y poco después la familia Maíno se traslada a Madrid.

La siguiente referencia documental de la vida del pintor aparece en el archivo de la céntrica parroquia romana de San Lorenzo in Lucina, cuando bautiza a un hijo natural suyo, Francisco. Y hasta 1611 Maíno permanece en Roma, con más que probables visitas a Milán, Nápoles, Génova y al sur de Francia. En 1609 hay constancia documental de que era “il pittore” de la parroquia romana de Sant`Andrea della Valle.
El 8 de marzo de 1611 Maíno recibe 200 reales para trabajar en el claustro de la catedral de Toledo. También realiza trabajos para la biblioteca del conde Mora de Toledo. El 29 de enero de 1612 comienza su vinculación con la iglesia dominicana de San Pedro Mártir de Toledo, que será desde entonces su epicentro humano, religioso y artístico.
¿Cuándo y cómo se introdujo Maíno en el arte pictórico? ¿Quiénes fueron sus maestros? Los críticos piensan que Maíno aprendió con El Greco, pero no ha podido demostrarse documentalmente. Lo seguro es que se formó en Italia, donde pasó los años que van de 1600 a 1608 y donde conoció la pintura de Caravaggio y de sus discípulos Gentileschi, Reni y Carracci.
Pastrana, Toledo, Madrid, Salamanca
En su vuelta a España, quizás regresa primero a su Pastrana natal, donde da a conocer un estilo que bebe del clasicismo boloñés, del naturalismo y del tenebrismo en una Trinidad pintada para el altar lateral del Monasterio de Concepcionistas Franciscanas del lugar. Lo cierto es que a partir de 1612 y en Toledo, en el citado convento de San Pedro Mártir, nos lega ya sus obras más conocidas e imperecederas con destino al retablo de las cuatro Pascuas, extraordinarios lienzos ahora en el Museo del Prado. Son especialmente reseñables los lienzos de La Adoración de los Reyes Magos y La Adoración de los Pastores, de formato vertical.
El 20 de junio de 163, Maíno ingresó en la Orden de Santo Domingo y vive en el convento toledano de San Pedro Mártir. Ello redujo su actividad artística, aunque a esta época pertenece otra Adoración de los Pastores actualmente en el Museo del Hermitage de San Petesburgo (Rusia) Este tema bíblico fue tratado varias veces por Maíno, y otra versión se guarda en el Museo Meadows de Dallas (USA).
El Rey Felipe III lo llamó a la Corte en 1620 para que fuera maestro de dibujo de su hijo y heredero, el futuro Felipe IV. Era muy conocida y apreciada su especialidad en esta disciplina que aprendió en Italia y desarrolló luego en Toledo. Por entonces Maíno trabó amistad con el gran Diego de Velázquez y Silva, a quien protegió y a quien eligió en un concurso público para pintar el tema de La expulsión de los moriscos. Este cuadro afianzó la posición del joven Velázquez en la corte madrileña, aunque tristemente no se conserva pues resultó destruido en el incendio del Alcázar de Madrid del año 1734.

Desde 1626 consta documentalmente la presencia de Maíno en Madrid, en el convento dominicano de Santo Tomás. Un año después realiza trabajos en Pastrana, donde se empadrona y donde realiza los retratos de Juan Miranda y de esposa, Ana Hernández. En 1629 regresa, de nuevo, a Madrid. Allí inaugura el colegio de Santo Tomás con la pintura titulada Santo Domingo en Soriano. En 1630 recibe el encargado de realizar las pinturas del retablo del oratorio del convento de San Estaban de Salamanca. Se trataba de un espléndido conjunto pictórico, tristemente desaparecido, compuesto por siete lienzos con la Asunción como lienzo central y pertrechado de otros seis santos y santas de la Orden Dominicana.
Sus nuevos encargos le llevan al Palacio del Buen Retiro de Madrid y al convento de San Jerónimo de Espeja de San Marcelino (Soria). Un lamentable episodio le acarrea comparecer ante el Tribunal de la Inquisición, que lo exilia de 1639 a 1641 a Toledo.
Maíno murió en el convento de Santo Tomás de Madrid en 1649. Allí fue enterrado el 1 de abril. Uno de sus discípulos parece fue Juan Ricci.

Pinceladas sobre su obra
Hasta 1957 la crítica había considerado a Maíno un pintor italiano, tanto por su formación en Italia como por el origen de su padre. Casi toda su obra es de temática religiosa, y entra dentro del naturalismo tenebrista de Caravaggio y de su principal discípulo, Gentileschi.
Destacan dos óleos de gran tamaño, pintados ambos en 1612, que hoy se encuentran en el Museo del Prado: la Adoración de los Magos, por un lado, y la Adoración de los Pastores, por otro. En ellos se aprecia la influencia del “caravaggisimo”, que conoció de primera mano durante su visita a Roma, si bien suaviza los rasgos naturalistas y se recrea en las texturas y los materiales lujosos, más de acuerdo con Gentileschi. En dichos cuadros se aprecia una composición abigarrada, a pesar de lo cual tanto las poses como los gestos ofrecen una imagen dinámica y plena de acción y movimiento. Su realismo se deja notar, por ejemplo, en el primero de estos cuadros, en la descripción del rey Baltasar con un tipo africano perfectamente plasmado, de forma que no se puede decir haya sido representado como el estereotipo acostumbrado de europeo teñido de negro. Desde un punto de vista religioso, destaca la actitud de las figuras en inequívocos gestos de adoración y reverencia así como los gestos de María y del Niño Jesús más en posición de dar que de recibir. Maíno compuso asimismo un tercer cuadro de la Adoración de los pastores, que se conserva. Las otras dos Adoraciones de los pastores se hallan en el Prado y en el Hermitage, como ya se dijo.
Revisten igualmente gran calidad, belleza y significación religiosa otros cuadros sobre Pentecostés y una Resurrección de Cristo, los tres en el Museo del Prado, y una Crucifixión, en Zaragoza, en colección particular.
En cuanto a sus pinturas de temas profanos, muy escasas, se cree que ocultan cierto contenido crítico sobre la política y la sociedad de su época que no ha sido todavía bien estudiado; abundan en ellas los símbolos. Destacan en este sentido los dibujos y grabados sobre Felipe IV y el cuadro La recuperación de Bahía, alusivo a una acción militar en el puerto de San Salvador de Bahía (Brasil).

De su actividad como retratista se mencionaba su destreza en las efigies en miniatura, si bien no parecen subsistir y sólo se conocen dos retratos a tamaño natural: un Retrato de un Caballero en el Museo del Prado, y otros de sendos religiosos: Retrato de un monje, en el Ashmoleam Museum de Oxford, con toda probabilidad un autorretrato suyo; y Retrato de fray Alonso de Santo Tomás, que se conversa en Barcelona, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. También fueron objetos de magnificos retratos San Juan Bautista, San Pedro, Santa María Magdalena, San Antonio Abad, San Jacinto, San Agabo, Santo Domingo de Guzmán, Santa Catalina de Siena, los reyes Felipe III y Felipe IV,, el arzobispo José de Melo, , los citados Juan Miranda y su esposa Ana Hernández o Diego de Narbona.
Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de Ecclesia y Ecclesia Digital
domingo, 15 de noviembre de 2009